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Sección
Cultural |
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Datos
Generales del Uruguay |
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Nombre
Oficial:
República Oriental del Uruguay
Capital:
Montevideo
División Administrativa del
País: 19 Departamentos
Limites: Al norte y noreste,
limita con la República Federativa
del Brasil, al sur y sureste con el Río
de la Plata, al oeste, el Río Uruguay,
ambos ríos lo separan de la República
Argentina
Superficie: 176.215 kilómetros
cuadrados
Moneda Oficial: peso uruguayo
(http://www.cambiogales.com.uy)
Idioma Oficial: español
Símbolos Patrios:
Establecidos por Decreto de 18 de
febrero de 1952 (www.presidencia.gub.uy/simbolos/simbol.htm#simbolos)
CONSTITUCION: Aprobada en 1967, con modificaciones
posteriores de 26 de noviembre de 1989, 26
de noviembre de 1994 y 8 de diciembre de 1996.
(www.parlamento.gub.uy/Constituciones/Const997.htm)
Forma
de Gobierno: República Democrática.
El Estado uruguayo consta de tres poderes,
completamente independientes entre sí.
Poder
Ejecutivo: “Ejercido por el Presidente de la República, José Alberto Mujica Cordano. El actual Presidente fue electo por sufragio universal en elecciones nacionales el 29 de noviembre de 2009, asumiendo la Presidencia el 1° de marzo de 2010, por un período de cinco años. (http://www.presidencia.gub.uy/_web/pag/presidente.htm).”)
fue electo por sufragio universal el 31 de octubre
de 2004, asumiendo la Presidencia el 1°
de marzo de 2005, por un período de cinco
años.(http://www.presidencia.gub.uy/_web/pag/presidente.htm).”
Poder
Legislativo: Constituido por la Asamblea
General , compuesta por la Cámara de
Senadores y la Cámara de Diputados.
La Cámara de Senadores cuenta con treinta
integrantes, elegidos directamente por sufragio
universal, de acuerdo a un sistema de representación
proporcional integral.
La Cámara de Diputados consta de noventa
y nueve miembros, electos por sufragio universal,
de acuerdo a un sistema de representación
proporcional. Senadores y Diputados duran
cinco años en su cargo.(www.parlamento.gub.uy/pl/legislad.php)
Poder
Judicial: Ejercido por la Suprema
Corte de Justicia, Tribunales y Juzgados.
Los cinco miembros de la Suprema Corte de
Justicia son designados por la Asamblea General
y duran diez años en su cargo.
DATOS
SOCIO-ECONÓMICOS
(Fuentes Uruguay XXI, INE, BCU, OMS/OPS)
Población: 3.286,314
Población Urbana 2011: 94.66%
Población Rural 2011: 5.34%
Crecimiento demográfico anual: 0,19%
Esperanza de vida: 77 años
Acceso Agua Potable: 100%
Índice de Alfabetismo 2011: 98%
Idioma Oficial: Español
Moneda: Peso uruguayo $
Tasa desempleo: 6.0%
PIB per cápita 2011: U$S 13,861
PIB en millones U$S: 46,710
Exportación Bienes y Servicios (millones U$S): 12,746
Importación Bienes y Servicios (millones U$S): 12,379
Deuda Bruta (% PIB): 55,6%
Inversión Extranjera Directa (millones U$S): 2,191
Zona Horaria: GMT -03.00
DATOS
CULTURALES
Flor
Nacional: ceibo (www.rau.edu.uy/uruguay/generalidades/Uy.ceibo.htm)
Fecha
Nacional: 25 de agosto (Día
de la Independencia, 25 de agosto de 1825)
Héroe Nacional: José
Gervasio Artigas
Flora y Fauna: La fauna nativa
(www.rau.edu.uy/uruguay/Uy.fauna.htm)
del país comprende desde aves tales
como el hornero (Furnarius rufus rufus) hasta
el roedor más grande conocido como
carpincho (Hidrochoerus hidrochaeris). Otras
especies de animales son comunes a la región
En cuanto a la flora, el Uruguay cuenta con
aproximadamente 2500 especies de plantas.
Baile Nacional: Pericón
Principales Partidos Politicos:
Partido Colorado, Partido Nacional, Frente Amplio, Nuevo Espacio. |
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Breve
Historia de Uruguay |
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Siglos
XVI-XVIII
La Banda Oriental antes de su descubrimiento
por los españoles en 1516, estaba poblada
por indígenas: charrúas, minuanes,
bohanes, guenoas, yaros, chanaes y guaraníes;
pueblos que también se extendían
por los territorios vecinos de Argentina y Brasil.
La macro etnia charrúa, mayoritaria,
tenía el nivel cultural de los cazadores
superiores, pero todos ellos eran fundamentalmente
cazadores, canoeros y pescadores. Algunos escasos
restos arqueológicos testimonian la práctica
de cerámica decorada así como
el tallado de la piedra.
La
llegada de los europeos y del ganado vacuno
y caballar que éstos abandonaron en las
praderas de la Banda Oriental a comienzos del
siglo XVII, modificaron el hábitat, la
demografía y las costumbres de esos indígenas.
Convertidos en diestros jinetes cazadores de
vacas, terminaron diezmados por la viruela y
la persecución del hombre blanco por
cuanto su cultura los tornó hostiles
a las formas de trabajo que trajo consigo el
conquistador español.
La
tradición histórica afirma ser
el año 1831 aquel en que desaparecieron
los charrúas como entidad demográfica
de cierto peso.
La
Banda Oriental, designación que se dio
en aquella época al territorio uruguayo,
fue una región de colonización
tardía, contemporánea sobre todo
de la España de los Borbones en el siglo
XVIII. Se pobló por tres motivos fundamentales:
su condición de territorio fronterizo
en permanente disputa entre las coronas de España
y Portugal; las ventajas de Montevideo como
único puerto natural del Río de
la Plata, y la calidad de su pradera natural
combinada con la multiplicación del ganado
abandonado por los españoles en sus llanuras.
Las
primeras ciudades y villas tuvieron su origen
en la lucha hispano-portuguesa. El primer establecimiento
europeo importante, Colonia del Sacramento,
fue fundada por los portugueses en 1680 y Montevideo
fue fundado entre 1724 y 1750 por los españoles.
El carácter de frontera móvil
del territorio, presionada por la disputa entre
España y Portugal, influyó también
en su economía y en la sociedad, ambientando
en sus pobladores la actividad ecuestre y el
oficio de las armas.
La
pradera natural y el ganado vacuno y caballar,
en un inicio sin dueño, formaron la estancia
- predio dedicado a la ganadería y cría
de vacunos – siendo el estanciero la figura
dominante del medio rural.
Entre
1700 y 1800 aparecieron los saladeros que convertían
parte de la carne vacuna en tasajo: carne salada,
dura y magra, por lo que la consumían
al comienzo los esclavos de Cuba y Brasil y
pobladores de escasos recursos. Los saladeros
eran una mezcla de estancia e industria asentada
en Montevideo y alrededores. Aunque en 1832
incorporaron la máquina de vapor para
producir grasas, la elaboración del tasajo
sólo requería la habilidad manual
del gaucho enlazador del ganado casi salvaje
y la diestra artesanía de los peones,
cortadores de carne en finas lonjas que salaban
y apilaban durante dos o tres días. Luego
se practicaba el secado de la carne salada tendiéndola
al sol. Esta industria era en suma una manufactura.
Por
el puerto de Montevideo se comerciaba legalmente
con España y Buenos Aires (desde 1779),
e ilegalmente con el Brasil portugués
y las naves europeas que arribaban a sus playas.
Esa actividad generó una renta suficiente
para mantener tanto a la burocracia española
que gobernaba la Banda Oriental, como a los
ricos comerciantes que integraban el cuerpo
municipal llamado Cabildo, única e imperfecta
escuela de gobierno propio a la que "criollos"
tenían acceso. La Banda Oriental formaba
parte del Virreinato de Buenos Aires desde su
creación en 1776 y una importante zona
adyacente lo integraba como Gobernación.
La población - 30.000 habitantes hacia
1800, una tercera parte en Montevideo - estaba
dividida tal vez con más claridad en
regiones y en razas que en clases.
Montevideo
era sede del poder español y de la sociedad
jerarquizada en razas y clases. Comerciantes,
prestamistas, estancieros y altos funcionarios,
formaban la clase alta de orígen humilde
heredado de sus antepasados canarios, vascos
y catalanes. Pequeños tenderos, pulperos,
militares y funcionarios de baja graduación,
y artesanos, integraban la clase media. Debajo
de todos, el tercio de la población era
negra y esclava.
El
Interior, el medio rural, era el mundo donde
todas las distinciones sociales, que existían
tendían a desdibujarse o a amalgamarse
con otros rasgos de la economía y de
la cultura hasta hacerse muy singulares. Los
estancieros latifundistas habían expulsado
a anteriores ganaderos más pobres y menos
influyentes ante las autoridades españolas.
La mayoría de los grandes estancieros
no poseían su tierra con títulos
de propiedad perfectos. Muchos sólo habían
iniciado el trámite para adquirirla en
Buenos Aires y lo habían abandonado,
cansados por las demoras de la burocracia borbónica,
así como disgustados por su costo que
siempre superaba al precio de la tierra. Otros
habían pagado tierras a la corona española
dentro de determinados límites. Esas
estancias, una vez medidas, resultaban tener
una superficie mayor que la abonada. Todos estos
hechos tornaron a los estancieros dependientes
de las resoluciones del Estado español
primero y republicano después.
En
ese Interior abundaba la población errante,
a veces mestiza. La vida era fácil y
el alimento casi único y esencial, la
carne, era gratuita. Este hecho se explica porque
la producción era infinitamente superior
a una demanda reducida al escaso mercado interno
y a los limitados mercados externos cubano y
brasileño. La Banda Oriental, con tal
vez 6 millones de vacunos y medio millón
de yeguarizos, poseía el mayor número
de cabezas vacunas y equinas por habitante del
mundo. El "proletariado" rural - el
gaucho (LINK CON TEMA DEL GAUCHO)- era ecuestre,
y tenía el alimento siempre asegurado.
Existían
tensiones, sin embargo. La autoridad española
impedía a los estancieros la libre venta
de sus cueros a los comerciantes ingleses y
portugueses, y demasiado a menudo los amenazaba
con cobrarles las tierras que detentaban. Así
lo hizo, en agosto de 1810, meses antes del
estallido de la Revolución por la Independencia
en febrero de 1811.
Todos
estos resentimientos internos y externos (contra
España y Buenos Aires), estallaron en
1811, cuando se aflojaron los lazos del control
colonial ante la invasión francesa a
la metrópolis.
Texto basado y extraído del historiador
uruguayo José Pedro Barrán.
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Breve
Historia de Uruguay |
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Siglo XIX
Fue en 1811 que el interior se sublevó
contra la autoridad española residente
en Montevideo. Dirigía la Revolución
un capitán criollo del ejército:
José Artigas (LINK SOBRE ARTIGAS),
quien derrotó a los españoles
en la Batalla de las Piedras.
La
Revolución en un principio acató
la autoridad de la Junta de Mayo de Buenos
Aires, pero las diferencias políticas,
económicas y sociales pronto separaron
a los orientales de los porteños. En
1813 el Congreso de Abril proclamó
los principios políticos de la Revolución:
independencia de España; organización
de un vasto estado, confederado primero y
federado después, con todas las regiones
del ex-virreinato de Buenos Aires; democracia
y república. La capital debía
estar fuera de Buenos Aires.
En
Septiembre de 1815, Artigas dictó un
Reglamento que repartió las inmensas
posesiones de los enemigos de la Revolución,
"malos europeos y peores americanos",
entre los más infelices", siendo
preferidos los indios, negros libres y "criollos
pobres". A cada uno se le entregaría
una estancia mediana con la obligación
de construir un rancho, dos corrales y sujetar
el ganado de rodeo. La aplicación del
reglamento fue en parte detenida por la invasión
europea de 1816, pero las confiscaciones de
grandes estancias que precedieron a los repartos
abonaron el odio hacia Artigas y sus seguidores,
que comenzó a sentir la vieja clase
alta del período colonial.
De
1811 a 1814 los orientales lucharon contra
España procurando con el auxilio bonaerense
ocupar Montevideo. Pero en enero de 1814,
Artigas decidió que el objetivo de
la Revolución no podía ser sustituir
un "despotismo español" por
el bonaerense, y dejó solas a las tropas
de Buenos Aires frente a Montevideo. Esta
cayó en poder de los porteños
en junio. Artigas hizo entonces la guerra
a Buenos Aires, auxiliado por las provincias
ribereñas del Uruguay y del Paraná,
Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe,
seducidas por las ideas federales. En 1815,
con la victoria de Guayabos, Artigas logró
que los porteños devolvieran Montevideo
a los orientales, y gobernó todo el
país.
De
1816 a 1820 debió enfrentar la invasión
de la monarquía portuguesa asentada
en Río de Janeiro. Los lusitanos, deseosos
de ocupar el territorio oriental que desde
temprano disputaron a España, también
invadieron por el temor a que el sur del Brasil
se contagiara de los principios republicanos
y federales. El invasor portugués contó
con el beneplácito de Buenos Aires
y terminó derrotando a Artigas en 1820.
El
país, arruinado su comercio y su ganadería
por nueve años de permanente guerra
revolucionaria, quedó en manos portuguesas
primero (1820-1822) y brasileñas después
(1822-1825). Una porción importante
de la clase alta colaboró con el invasor.
Este, representado por un hábil general
portugués, Carlos Federico Lecor, prometió
el orden y la devolución de sus propiedades
a los confiscados por Artigas. En 1821, un
congreso de orientales colaboradores votó
la incorporación de la ahora llamada
Provincia Cisplatina al Reino Unido de Portugal,
Brasil y Algarves.
Las
autoridades brasileñas, empero, concluyeron
por desilusionar a la clase alta e irritar
a los demás sectores sociales. Renació
con facilidad el sentimiento antilusitano,
fuerte en una población de origen español
que venía combatiendo los avances portugueses
desde el siglo XVII.
En
abril de 1825 se inició la segunda
etapa de la Revolución cuando los 33
Orientales invadieron el país y en
pocos meses sublevaron todo el medio rural
contra los brasileños que siguieron
ocupando Montevideo. Luego de las victorias
de Rincón y Sarandí, el gobierno
de Buenos Aires apoyó oficialmente
a los orientales y entró en guerra
con Brasil a fines de 1825. La nueva Revolución
oriental fue encabezada por Juan A. Lavalleja,
un caudillo rural, y rápidamente se
plegó a ella su par, Fructuoso Rivera.
Sus
objetivos eran los de Artigas. Si éste
quiso la federación y el igualitarismo
social, además de la independencia
del dominio extranjero, Lavalleja y Rivera
lucharon por la liberación de Brasil
y discreparon en la relación de los
orientales con Buenos Aires.
El
25 de agosto de 1825 la Sala de Representantes
de la Provincia Oriental declaró en
primer lugar la independencia absoluta del
país, y luego su unión a las
demás provincias. La guerra con Brasil
culminó con la victoria de los orientales
de Ituzaingó en febrero de 1827. Desde
meses antes mediaba Gran Bretaña en
el conflicto a través de su enviado,
Lord Pomsomby. La guerra perturbaba gravemente
el comercio inglés con Argentina debido
al bloqueo brasileño del puerto de
Buenos Aires. Además, a Gran Bretaña
le interesaba fomentar la independencia de
un pequeño estado sobre el Río
de la Plata que impidiera que las dos orillas
fueran argentinas. De tal modo ese río,
puerta de entrada al principal sistema hidrográfico
navegable de América del Sur, se internacionalizaría
y el comercio inglés no podría
ser obstaculizado.
En
1830 una Asamblea electa aprobó la
Constitución del nuevo país,
llamado oficialmente, "Estado Oriental
del Uruguay". El nuevo estado sería
republicano y garantizaría los derechos
individuales mediante la separación
clásica de los tres poderes.
Lamentablemente,
las guerras civiles dominaron el escenario
uruguayo hasta 1876. En ellas se gestaron
los dos partidos que pasaron a la modernidad
y sobrevivieron el siglo XX: el blanco y el
colorado.
El
primer presidente constitucional, Fructuoso
Rivera (1830-1834) debió enfrentar
tres alzamientos del otro caudillo rural,
Juan A. Lavalleja. Su sucesor, Manuel Oribe
(1835-1838), tuvo que combatir dos alzamientos
del ex-presidente Rivera.
En
1836, en la batalla de Carpintería,
los bandos usaron por primera vez las dos
divisas tradicionales: el blanco distinguió
las tropas del gobierno que se titularon "Defensores
de las Leyes", y el celeste primero -
el otro color de la bandera uruguaya - y el
colorado después, fueron usados por
los fieles de Rivera. Un segundo alzamiento
de este derrocó al gobierno de Manuel
Oribe en 1838. Rivera, auxiliado por la escuadra
francesa que deseaba acabar con Oribe, el
aliado del gobernador de Buenos Aires, Juan
Manuel de Rosas, ocupó Montevideo y
logró ser elegido presidente por segunda
vez en 1839. Ese año se inició
la "Guerra Grande" cuando Rivera
declaró la guerra a Rosas quien seguía
reconociendo a Manuel Oribe como presidente
constitucional del Uruguay.
Los
dos bandos uruguayos se internacionalizaron.
Rivera contó con el apoyo de los enemigos
unitarios argentinos y las escuadras francesas
e inglesa. Las dos naciones europeas temían
que Rosas anexara al Uruguay y deseaban además
terminar con el monopolio que sobre la navegación
del Paraná ejercía el gobernador
de Buenos Aires. Oribe se apoyó en
Rosas y puso sitio a Montevideo durante 9
años. (1843-1851).
El
conflicto se resolvió cuando se retiraron
los europeos e intervino el Imperio del Brasil
a favor del Montevideo colorado. Oribe y Rosas
fueron derrotados. A pesar de ello se firmó
la paz entre los orientales el 8 de octubre
de 1851 por la cual se declaró que
no había ni vencidos ni vencedores.
La
atmósfera que siguió a este
conflicto fue de fusión entre los partidos.
La ruina de la ganadería, el comercio
y las fortunas privadas por la larga lucha,
ambientó esa política. Pero
los dos bandos habían encarnado en
la memoria colectiva y la lucha civil se reanudo.
El presidente Blanco Juan F. Giró (1852-1853)
fue derribado por un motín del ejército
colorado. El nuevo caudillo de este partido,
el General Venancio Flores, gobernó
como presidente hasta 1855. En 1856 la fusión
y el pretendido olvido de los rencores del
pasado llevaron al poder a Gabriel A. Pereira
(1856-1860). Bajo su mandato, una fracción
del Partido Colorado, llamada Partido Conservador,
se alzó en armas y sus jefes fueron
derrotados y fusilados en Quinteros por las
tropas del gobierno.
Entre
1860 y 1864 gobernó el presidente Bernardo
P. Berro, quien pretendió continuar
con la política de fusión pero
los partidos renacieron. En 1863, el General
Flores invadió Uruguay con el apoyo
del presidente argentino Bartolomé
Mitre y la colaboración del Imperio
del Brasil. Bernardo P. Berro buscó
apoyo en Paraguay para restablecer el equilibrio
en el Río de la Plata. Luego de la
caída en manos de Flores de la ciudad
de Paysandú (enero de 1865), uno de
sus generales mandó fusilar a los más
destacados jefes blancos, entre ellos a Leandro
Gómez. De este modo ambos partidos
tradicionales tuvieron sus mártires
y una carga de emotividad que les aseguró
larga permanencia.
El
triunfo de Flores culminó con su dictadura
(1865-1868) y la intervención del Uruguay
en la guerra de la Triple Alianza junto a
Brasil y Argentina contra el Paraguay. En
febrero de 1868, Venancio Flores, que había
despertado rencores apasionados, fue asesinado.
El mismo día fue ultimado el ex-presidente
blanco Bernardo P. Berro. Las tradiciones
partidarias se nutrieron de nuevos mártires.
Venancio
Flores inició la serie de gobiernos
colorados que recién concluyó
en 1959. Lorenzo Batlle, su sucesor y presidente
constitucional entre 1868 y 1872, debió
enfrentar un alzamiento blanco comandado por
el caudillo rural Timoteo Aparicio. Esta revolución
fue conocida como de "Las Lanzas"
debido al arma que allí se uso de preferencia,
lo que testimonia la tecnología militar
de la época. Por su duración
(1870-1872) y sus efectos destructivos sobre
la riqueza ganadera, es el conflicto civil
que mejor puede compararse a la "Guerra
Grande". Ambos bandos se reconciliaron
en la llamada Paz de Abril de 1872 por la
cual los blancos lograron por primera vez
coparticipar junto a los colorados en el gobierno.
Pero la anarquía persistió hasta
1876 en que el coronel colorado Lorenzo Latorre
tomó el gobierno.
Fue por efecto de la lucha y los propios acontecimientos
relatados, que colorados y blancos fueron
dotándose de ciertos contenidos políticos,
sociales y hasta regionales. Las personalidades
diferentes y los vínculos sociales
distintos de Rivera y Oribe, y el principal
de los conflictos citados - la "Guerra
Grande" - dieron nueva forma a la oposición
colonial entre la Capital y el Interior. Los
colorados se identificaron con el Montevideo
sitiado, los inmigrantes y la apertura a lo
europeo; los blancos, asentados en la campaña
sitiadora, se identificaron con el medio rural,
sus grandes terratenientes y lo americano-criollo.
Pero estas diferencias no alcanzan para explicar
la profundidad del desorden interno que conoció
en esos años el Uruguay. Las estructuras
sociales, económicas y culturales,
así como la tecnología de una
civilización pre-industrial, deben
ser convocadas para la interpretación
del hecho político y completar la imagen
del país. Iglesia Católica,
ejército y gran propiedad, los tres
pilares del orden conservador en América
Latina, eran débiles en el Uruguay.
Los
medios de comunicación y transporte
eran los de una civilización ganadera.
Las carretas que transportaban cueros y lanas
tardaban un mes. El ganado fluía a
los saladeros por sus propios medios y daba
vida a la actividad de un personal especializado
en su conducción, el tropero. La agricultura,
en cambio, dependía de la pesada y
costosa carreta por la que se desarrolló
únicamente en torno a las ciudades
consumidoras.
Mantener
el control de la campaña desde la excéntrica
Montevideo era muy difícil con este
sistema de comunicaciones y transportes. Cuando
la noticia de la revolución rural llegaba
a la Capital, la subversión ya había
tomado cuerpo. Los diversos ejércitos
gubernamentales incluso tenían dificultades
para conocer sus posiciones y combinar esfuerzos
contra los rebeldes, como sucedió con
los colorados durante la "Revolución
de las Lanzas".
Los
gobiernos de los militares colorados Lorenzo
Latorre (1876- 1880), Máximo Santos
(1882-1886) y Máximo Tajes (1886-1890),
fueron los que asentaron el poder central,
dominaron a los caudillos rurales y tornaron
los alzamientos sino imposibles en difíciles.
El
Estado y el ejército gozaron desde
ese momento del monopolio de la coacción
física, el armamento era costoso y
de difícil manejo para los gauchos,
los medios de comunicación (telégrafo)
y transportes (ferrocarril) fortalecieron
el poder montevideano; la sociedad y la economía
estaban cambiando y se oponían a las
costosas rebeliones del pasado.
También
contribuyó el afianzamiento de la paz
interna el fortalecimiento del sentimiento
nacional que no admitió la internacionalización
de los partidos uruguayos y sus alianzas con
los federales y unitarios argentinos o los
bandos brasileños. La unificación
de la Argentina y el Brasil, en torno a Buenos
Aires y Río de Janeiro, hizo que poco
a poco desaparecieran los llamados desde esas
naciones a participar en las luchas internas.
A
los militares sucedieron los gobiernos civiles,
presidencialistas y autoritarios, de Julio
Herrera y Obes (1890-1894) y Juan Idiarte
Borda (1894-1897). Al exclusivismo colorado
respondieron las revoluciones blancas capitaneadas
por el caudillo rural Aparicio Saravia. Su
levantamiento en 1897 fue la base de un gobierno
colorado de compromiso con los blancos, el
de Juan L. Cuestas (1897-1903).
Electo
José Batlle y Ordoñez en 1903,
Aparicio Saravia dirigió en 1904 la
última gran revuelta rural. Pero estas
dos revoluciones difieren de las anteriores:
el programa de reivindicaciones políticas
tendió a crecer sobre la mera adhesión
a la tradición partidaria, y así,
en 1897 y 1904, los blancos alzaron las modernas
banderas del respeto a la voluntad popular
en las elecciones y la representación
proporcional de los partidos en el Poder Legislativo.
La
paz interna y el fuerte gobierno central montevideano
estuvieron vinculados a paralelas transformaciones
que ocurrieron en la demografía, la
economía, la sociedad y la cultura
del Uruguay.
El
Uruguay de 1830 apenas contaba con 70.000
habitantes. El de 1875 poseía 450.000
y el de 1900 un millón. El espectacular
crecimiento - la población se multiplicó
por 14 en 70 años - no tenía
parangón en ningún país
americano. La alta tasa de natalidad dominante
hasta 1890 - 40/50 por mil habitantes - se
había unido a una relativamente baja
tasa de mortalidad - 20/30 por mil - para
ambientar este hecho, pero el factor crucial
de la revolución demográfica
fue la inmigración europea. Franceses,
italianos y españoles hasta 1850, italianos
y españoles luego, llegaron en 4 o
5 oleadas durante el siglo XIX. La inmigración
fue temprana y cuantiosa en relación
a la muy pequeña población existente
en 1830. De 1840 a 1890, Montevideo poseyó
de un 60 a un 50 % de población extranjera,
casi toda europea. El Censo de 1860 mostró
un 35% de extranjeros en todo el país,
y el de 1908 redujo esa cifra al 17%.
Los
europeos, con valores diferentes a los de
la población criolla, más proclives
al espíritu de empresa y al ahorro;
protegidos por sus cónsules durante
las guerras civiles y recompensados por sus
pérdidas por el estado uruguayo, se
convirtieron hacia 1870-1880 en los principales
propietarios rurales y urbanos, al poseer
el 56% del total de la propiedad montevideana
y el 58% del valor de la propiedad rural.
Los
inmigrantes europeos fueron los iniciadores
de la industria de bienes de consumo al grado
que en 1889 controlaban el 80% de esos establecimientos.
Los inmigrantes, hostiles por lo general a
las disputas entre blancos y colorados, exigieron
la paz interna. La estructura económica
se modificó. El ovino se incorporó
a la explotación del vacuno en la estancia
de 1850-1870. De acuerdo al censo de 1852,
la existencia ovina se reducía a 800.000
cabezas, en 1868 la existencia se estimó
en 17 millones. La lana suple al cuero como
principal producto de la exportación
uruguaya desde 1884, hasta que apareció
con vigor la carne congelada en 1910-1920.
El ovino que podía ser explotado en
campos de pasturas de calidad inferior y exigía
5 veces menos tierra por unidad que el vacuno,
sirvió de base al desarrollo de la
clase media rural.
El
Uruguay de fines del siglo XIX tuvo así
características económicas que
lo singularizaron en el contexto latinoamericano.
Producía alimentos - la carne - y satisfacía
otras dos necesidades básicas del hombre,
su calzado, con el cuero, y su vestimenta
con la lana. Sus mercados externos se habían
diversificados en vez de tender a la dependencia
de un solo comprador. Brasil y Cuba consumían
su tasajo; Francia, Alemania y Bélgica,
sus lanas; y Gran Bretaña y Estados
Unidos, sus cueros. Al comprarle Europa mercaderías
que ella también producía, Uruguay
gozó de una renta diferencial elevada,
por cuanto Europa mantenía sus ganados
con más altos costos de explotación.
Al
ovino siguió el acercamiento de las
estancias. Estas fueron alambradas entre 1870
y 1890 tanto para asegurar al propietario
el uso exclusivo para sus ganados de las pasturas,
como para permitir el mestizaje del ovino
y el vacuno con razas europeas. El cerco dejó
desocupada a la mano de obra que antes custodiaba
el ganado y generó un problema insólito
de hambre y miseria rural. Esta desocupación
tecnológica se convirtió paradojalmente
en un buen caldo de cultivo para las últimas
guerras civiles de fines del siglo XIX y principios
del XX.
Ovino
y cercamiento, dos enormes inversiones aumentaron
la necesidad de orden interno que tenían
los estancieros. Los terratenientes protagonistas
de estos cambios se agremiaron y fundaron
la Asociación Rural en 1871 con el
fin de imponer la paz interna a toda costa.
Paralelamente ocurrieron transformaciones
en el medio urbano. A partir de 1860 comenzaron
las primeras inversiones extranjeras, sobre
todo británicas. La primera línea
de ferrocarriles fue inaugurada en 1869, y
fue esencial para que el gobierno central
pudiera controlar el interior.
Luego
de un tiempo, este medio de transporte, así
como las otras compañías inglesas
instaladas en Montevideo, generaron una corriente
de antipatía popular por sus elevadas
tarifas y deficientes servicios. El monopolio
que usufructuaba el ferrocarril, la empresa
de aguas corrientes, la del gas y el oligopolio
de las compañías de seguros,
contribuyeron a fomentar dudas en la clase
política en 1890 acerca de los beneficios
que acarreaba al Uruguay el capital extranjero
no vigilado por el Estado. Por eso la ley
de 1888 instituyó un control estricto
de la contabilidad de las empresas ferroviarias
y en 1896 se fundó el primer banco
del Estado: "Banco de la República
Oriental del Uruguay".
Los
estancieros gozaban en 1900 de la posesión
de dos monopolios: la tierra y la carne, valorizadas
ambas con los avances de la industria saladeril
y sobre todo con la fundación en 1905
del primer frigorífico exportador de
carnes congeladas a Europa.
Por
otro lado, también ocurrieron cambios
en el orden cultural y mental. La Universidad
abrió sus puertas a los estudios de
abogacía en 1849, a los de Medicina
en 1876 y a los de Matemáticas en 1888.
En 1877, el gobierno del coronel Latorre,
inspirado por José Pedro Varela, decretó
una importante reforma en la enseñanza
primaria, volviéndola obligatoria y
gratuita y otorgándole recursos para
su desarrollo. En 1909 fue suprimida por completo
la enseñanza religiosa de las escuelas,
convirtiendo así en gratuita, obligatoria
y laica, pilares que se mantienen hasta el
día de hoy.
La
tasa de analfabetismo que era elevada, comenzó
a descender. El deseo de incrementar la actividad
política de los habitantes y a la vez
prepararlos mejor para el nuevo orden económico
estuvo detrás de esta transformación.
El
Uruguay también secularizó sus
costumbres y su cultura. En 1861 la Iglesia
Católica comenzó a perder su
jurisdicción sobre los cementerios;
en 1879 el estado decidió llevar los
Registros del Estado Civil aunque admitió
que el casamiento religioso precediera al
civil. En 1885 se instituyó el matrimonio
civil obligatorio y este debió celebrarse
antes que la ceremonia religiosa. En 1907
se aprobó la primera ley de divorcio.
Otro
signo de la modernidad fue la aparición
de un nuevo modelo demográfico. La
natalidad comenzó a decrecer en 1890,
la edad promedio del matrimonio femenino ascendió
de 20 a 25 años, y comenzaron a aparecer
las primeras formas de control artificial
de la natalidad, denunciadas con vigor por
el clero católico. De este modo llegó
al siglo XX el país mas tempranamente
europeizado de América Latina.
Texto
basado y extraído del historiador uruguayo
José Pedro Barrán.
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Breve
Historia de Uruguay |
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SIGLO
XX-XXI
En la historia del Uruguay del siglo XX se
distinguen cuatro etapas:
·
la consolidación de la democracia política,
la reforma social y la prosperidad económica
(1903-1930);
· la crisis económica y política
y la restauración democrática
(1930- 1958);
· el estancamiento económico,
la atomización de los partidos políticos
tradicionales, el crecimiento de la izquierda,
y la dictadura militar (1959-1985);
· la restauración democrática
y la entrada del Uruguay al Mercosur.
La
primera etapa es fundacional y parece clave
para explicar algunas de las características
y la mentalidad dominantes en el país
hasta muy avanzado el siglo.
La
figura de José Batlle y Ordoñez
(1856-1929) domina políticamente ese
período. Presidente en dos oportunidades
(1903-1907), (1911-1915), signo con sus ideas
la sociedad de clase media que estaba naciendo
al amparo de la prosperidad económica
y la facilidad del ascenso social.
La
economía vio aparecer nuevas formas
industriales que valorizaron plenamente la
producción de carne al refrigeradas
y su exportación a Europa, lo que tuvo
consecuencias políticas pues alejó
definitivamente el fantasma de la guerra civil
ya que la ciudadanía se oponía
a ellas por destructoras de la sociedad.
La
intervención estatal comenzó.
La gestión financiera del Estado (Banco
de la República, 1896 y Banco Hipotecario,
1912), comercial (Banco de Seguros, 1911),
e industrial (energía eléctrica
y teléfonos, 1912, combustibles y petróleo,
1931), se constituyó en un elemento
definitorio de la relación entre sociedad
civil y Estado en todo el siglo XX.
La
democracia política se afianzó
con el logro del voto secreto y la representación
proporcional establecidos en la Constitución
de 1917, la pureza electoral garantizada por
las leyes de 1924, y una atmósfera
de tolerancia fundada en parte en la imposibilidad
tanto de las personalidades políticas
como de los partidos en que se dividía
la opinión, de hegemonizar a la opinión
pública.
En
lo social, el Uruguay vivió una época
de legislación del trabajo, protectora
de los obreros y otros sectores populares
(la ley de 8 horas de trabajo fue aprobada
en 1915) y de garantías para el retiro
de los trabajadores establecidas por diferentes
leyes que fundaron Cajas de Jubilaciones para
casi todos los oficios.
Demográficamente
el país, que contaba con 1.042.000
habitantes según el Censo realizado
en 1908, apenas duplicó su población
en 1930, estimada en 1.900.000. El descenso
de la tasa de mortalidad fue muy significativo
y se debió sobre todo al avance del
nivel de vida de la población y a las
medidas higiénicas que el gobierno
adoptó. El descenso relevante de la
tasa de natalidad convirtió a Uruguay,
el primer país de América Latina
que controló la natalidad.
La
difusión de la cultura (la tasa de
analfabetismo también descendió
y se expandió la Enseñanza Secundaria
en el interior del país), la fácil
recepción de los modelos demográficos
europeos por una población de origen
inmigratorio y la mentalidad prudente de las
dominantes clases medias, entre otros, explica
que en 1930 Uruguay tuviera la imagen de un
país moderno y europeizado. Un dato
más contribuía a acentuar esta
imagen: la cultura y la enseñanza se
habían secularizado y la influencia
de la Iglesia Católica era escasa.
Muestra de esto es que, sin mayores repercusiones
sociales ni políticas, el Estado y
la Iglesia se separaron, lo que quedó
plasmado en la Constitución de 1917.
La
ley de divorcio por causal, la primera aprobada,
fue en 1907 y la mujer obtuvo en 1913 la ley
de divorcio "por su sola voluntad".
En 1932 se le otorgó a la mujer el
derecho al sufragio.
La
crisis económica mundial iniciada en
1929 en Estados Unidos, repercutió
en Uruguay a partir de 1930-31. El descenso
del precio de las materias primas y alimentos
que Uruguay exportaba, y las restricciones
del comercio internacional, generaron aumento
de la desocupación y caída del
ingreso.
El
Presidente de la República electo en
1931, Gabriel Terra, oyó estas demandas
de las clases altas y con el apoyo de algunas
fracciones de los dos partidos tradicionales
dio un golpe de Estado el 31 de marzo de 1933,
disolviendo el Poder Legislativo y la parte
colegiada del Poder Ejecutivo, el Consejo
Nacional de Administración. Este golpe
y el gobierno resultante de Terra hasta 1938,
aunque represor del movimiento obrero y los
partidos de izquierda y "progresistas",
y desconocedor en muchos planos, de los derechos
individuales, demostró también
la originalidad de la historia uruguaya. El
golpe había sido protagonizado por
un presidente civil y dado con la aprobación
del ejército pero sin su intervención
directa, había contado con el apoyo
de parte de los partidos políticos
tradicionales y además, procurando
la legitimación inmediata a través
de las urnas, al haber convocado a elecciones
en 1933.
La
lenta recuperación de la economía
mundial, la influencia de las tradiciones
democráticas, y el alineamiento de
Uruguay con los Aliados enemigos del nazi-fascismo
en la II Guerra Mundial (1939-45), determinaron
la recuperación plena de la vida institucional
democrática, la que se plasmó
en las elecciones de noviembre de 1942 en
las que fue electo presidente Juan José
de Amézaga (1943-1947). Bajo el gobierno
de Luis Batlle Berres (1947-1951), la prosperidad
económica se consolidó por los
crecientes beneficios que deparó a
las exportaciones uruguayas la guerra de Corea
(1950-1953). En 1952 se adoptó una
nueva Constitución que implantó
una estructura colegiada de nueve miembros
en el Poder Ejecutivo, seis de ellos para
la mayoría y tres para el partido minoritario.
La prosperidad económica y el impulso
del gobierno de este segundo batllismo consolidaron
un vigoroso crecimiento de la industria con
la sustitución de importaciones. El
número de obreros aumento con espectacularidad.
Otra vez, el país de los años
50 parecía recordar al país
de los años 20. El desarrollo cultural
era muy importante y el analfabetismo tendía
a desaparecer. Se repetía que Uruguay
era la Suiza de América, tanto por
la continuidad de su democracia, como por
la fuerza de su clase media y hasta por el
Ejecutivo Colegiado que lo regía.
La
tercera etapa de la historia del Uruguay en
el siglo XX (1959- 1985), estuvo caracterizada
por la crisis y el estancamiento económico
y, en sus años finales (1973-1985),
por la caída de las instituciones democráticas,
la instalación de una dictadura militar
y la reinstalación de la democracia.
Las
modificaciones de la economía mundial,
en especial la formación del Mercado
Común Europeo y la sustitución
de la hegemonía británica por
la estadounidense en América Latina,
complicó la producción exportable
uruguaya. El país dependía en
gran medida financieramente de unas pocas
naciones con economías competitivas
y no complementarias de la suya, mientras
el tradicional mercado europeo se cerraba
a sus exportaciones. El estancamiento de la
producción ganadera y del proceso de
industrialización, completaron el panorama
negativo que se tradujo en la disminución
del ingreso.
Los
diversos sectores sociales, los sindicatos
obreros y de empleados públicos, y
las gremiales empresariales, lucharon entre
sí por la distribución de una
riqueza cada día menor en medio de
una inflación que no se detenía.
Los partidos tradicionales se alternaron en
el poder (gobiernos blancos de 1959 a 1967
y colorados de 1967 a 1973) y se fraccionaron.
La izquierda se unificó y surgió
el Frente Amplio en 1971. El gobierno de Jorge
Pacheco Areco (1967-1972) funcionó
dentro de esquemas autoritarios, decretó
la suspensión de las garantías
individuales casi durante todo su mandato
y, del otro lado, ciertos sectores de la izquierda
con el Movimiento de Liberación Nacional
(Tupamaros) a la cabeza, también hirieron
al sistema democrático impulsando la
lucha armada.
El
proceso de deterioro de las instituciones
fue vivido dramáticamente por una sociedad
que con lentitud dejó de tener fe en
ellas, y culminó con el golpe de estado
que las Fuerzas Armadas protagonizaron el
27 de junio de 1973, disolviendo las cámaras
legislativas y asumiendo, bajo la cobertura
del presidente civil Juan María Bordaberry
(1972-1976), la totalidad del poder político
hasta febrero de 1985.
Los
12 años de dictadura militar estuvieron
signados por la represión a las fuerzas
políticas, particularmente dura con
las de izquierda, con encarcelamiento de dirigentes
sindicales y la prohibición de la actividad
gremial a obreros y empleados, y por la expulsión
de funcionarios públicos, especialmente
docentes, sospechosos de tener alguna inclinación
izquierdista.
Desde
el punto de vista económico, el gobierno
militar, asesorado por técnicos de
ideas neoliberales, procedió a la apertura
de la economía al exterior, procurando
atraer capital extranjero y limitar la intervención
del Estado. El deterioro del salario real
tuvo consecuencias imprevistas en un gobierno
conservador ya que forzó la entrada
masiva de la mujer al mercado del trabajo
fuera del hogar, estrategia familiar de sobre
vivencia que adoptaron los sectores populares
y la clase media.
La
crisis financiera y económica de 1982,
aceleró la inflación y sobre
todo la desocupación, y la resistencia
social condujo a la reorganización
del movimiento sindical, lo que llevó
a los militares a ceder el poder ante la presión
de la sociedad civil. En elecciones celebradas
en noviembre de 1984 fue electo Presidente
constitucional el líder colorado Julio
Maria Sanguinetti. Bajo su presidencia (1985-1990)
y la de su sucesor, Luis A. Lacalle (1990-1995)
se fortificaron las instituciones democráticas,
el clima de tolerancia recíproca renació
y políticamente el país. Electoralemente
se dividió en tercios: colorados, blancos
y frenteamplistas.
En
1991, Uruguay pasó a integrar el Mercosur,
alianza económico aduanera, conjuntamente
con Brasil, Argentina y Paraguay.
En
1995, la población del país
alcanza los 3,3 millones de habitantes, acentuándose
el rasgo ya advertible en los comienzos del
siglo XX, el escaso crecimiento natural de
su población, debido sobre todo al
alto grado de control de la natalidad que
practican sus habitantes. La tasa de analfabetismo
representa apenas el 4,25 de la población
del país. La calidad de vida de la
mayoría de los habitantes es una de
las mas altas de América Latina, siendo
la esperanza de vida al nacer de 74 años.
La mayoría de sus habitantes es considerada
católica por las estimaciones de esta
Iglesia, pero el número de sacerdotes
no sobrepasa los 700. La tasa de divorcios
es alta, similar a la de las naciones europeas.
El 31 de octubre de 2004, fue electo Presidente
el Dr. Tabaré Vazquez Rosas, asumiendo
la Presidencia el 1° de marzo de 2005,
por un período de cinco años.
“El actual Presidente de la República Don José Mujica asumió la Presidencia el 1º de marzo de 2010 por el termino de cinco años, de esta forma se constituye el segundo periodo del gobierno Progresista.”
Texto
basado y extraído del historiador uruguayo
José Pedro Barrán.
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PRESIDENTES
CONSTITUCIONALES |
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Listado
de Gobernantes Constitucionalmente Electos del Uruguay
desde 1830 |
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| AÑO |
Presidente |
| 1830 |
Gral.
Fructuoso Rivera |
| 1835
|
Gral.
Manuel Oribe |
| 1839 |
Gral.
Fructuoso Rivera |
| 1852 |
Juan
Francisco Giró |
| 1856 |
Gabriel
Pereira |
| 1860 |
Bernardo
Berro |
| 1868 |
Gral.
Lorenzo Batlle |
| 1873 |
Dr.
José Ellauri |
| 1879 |
Cnel.
Lorenzo Latorre |
| 1882 |
Gral.
Máximo Santos |
| 1886 |
Dr.
Francisco Vidal |
| 1890 |
Dr.
Julio Herrera y Obes |
| 1894 |
Juan
Idiarte Borda |
| 1899 |
Juan
Lindolfo Cuestas |
| 1903 |
José
Batlle y Ordoñez |
| 1907 |
Claudio
Williman |
| 1911 |
José
Batlle y Ordoñez |
| 1915 |
Dr.
Feliciano Viera |
| |
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| 1919 |
Dr.
Baltasar Brum |
| 1923 |
Ing.
José Serrato |
| 1927 |
Dr.
Juan Campisteguy |
| 1931 |
Dr.
Gabriel Terra |
| 1938 |
Gral.
Arq. Alfredo Baldomir |
| 1943 |
Dr.
Juan José Amézaga |
| 1947 |
Tomás
Berreta |
| 1951 |
Consejo
Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa:
Andrés Martínez Trueba, Antonio
Rubio, Francisco Forteza y H. Alvarez Cina |
| 1955 |
Consejo
Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa:
Luis Batlle Berres, Alberto Zubiría, Arturo
Lezama y Carlos Fischer |
| 1959 |
Consejo
Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa:
Martín Echegoyen, Benito Nardone, Eduardo
Haedo y austino Harrison |
| 1963 |
Consejo
Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa:
Daniel Fernández Crespo, Luis Giannattasio,
Washington Beltrán y Alberto Heber |
| 1967 |
Gral
Av. Oscar Gestido |
| 1967 |
Jorge
Pacheco Areco |
| 1972 |
Juan
María Bordaberry |
| 1985 |
Dr.
Julio María Sanguinetti |
| 1990 |
Dr.
Luis Alberto Lacalle |
| 1995 |
Dr.
Julio María Sanguinetti |
| 2000 |
Dr.
Jorge Batlle Ibañez |
| 2005 |
Dr. Tabaré Vázquez Rosas. |
| 2010 |
José Alberto Mujica Cordano. |
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Fuente:
Historia Contemporánea del Uruguay,
G. Caetano y J. Rila |
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