Pagina de inicio. Inicio
 
Favoritos

Buscar en Google
  
 
. Sección Cultural

 

Datos Generales del Uruguay

 
 
Nombre Oficial: República Oriental del Uruguay
Capital: Montevideo
División Administrativa del País: 19 Departamentos
Limites: Al norte y noreste, limita con la República Federativa del Brasil, al sur y sureste con el Río de la Plata, al oeste, el Río Uruguay, ambos ríos lo separan de la República Argentina
Superficie: 176.215 kilómetros cuadrados
Moneda Oficial: peso uruguayo (http://www.cambiogales.com.uy)
Idioma Oficial: español
Símbolos Patrios: Establecidos por Decreto de 18 de
febrero de 1952 (www.presidencia.gub.uy/simbolos/simbol.htm#simbolos)
CONSTITUCION: Aprobada en 1967, con modificaciones posteriores de 26 de noviembre de 1989, 26 de noviembre de 1994 y 8 de diciembre de 1996.
(www.parlamento.gub.uy/Constituciones/Const997.htm)

Forma de Gobierno: República Democrática. El Estado uruguayo consta de tres poderes, completamente independientes entre sí.

Poder Ejecutivo: “Ejercido por el Presidente de la República, José Alberto Mujica Cordano. El actual Presidente fue electo por sufragio universal en elecciones nacionales el 29 de noviembre de 2009, asumiendo la Presidencia el 1° de marzo de 2010, por un período de cinco años. (http://www.presidencia.gub.uy/_web/pag/presidente.htm).”) fue electo por sufragio universal el 31 de octubre de 2004, asumiendo la Presidencia el 1° de marzo de 2005, por un período de cinco años.(http://www.presidencia.gub.uy/_web/pag/presidente.htm).”

Poder Legislativo: Constituido por la Asamblea General , compuesta por la Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados. La Cámara de Senadores cuenta con treinta integrantes, elegidos directamente por sufragio universal, de acuerdo a un sistema de representación proporcional integral.
La Cámara de Diputados consta de noventa y nueve miembros, electos por sufragio universal, de acuerdo a un sistema de representación proporcional. Senadores y Diputados duran cinco años en su cargo.(www.parlamento.gub.uy/pl/legislad.php)

Poder Judicial: Ejercido por la Suprema Corte de Justicia, Tribunales y Juzgados. Los cinco miembros de la Suprema Corte de Justicia son designados por la Asamblea General y duran diez años en su cargo.

DATOS SOCIO-ECONÓMICOS
(Fuentes Uruguay XXI, INE, BCU, OMS/OPS)

Población: 3.286,314
Población Urbana 2011: 94.66%
Población Rural 2011: 5.34%
Crecimiento demográfico anual: 0,19%
Esperanza de vida: 77 años
Acceso Agua Potable: 100%
Índice de Alfabetismo 2011: 98%
Idioma Oficial: Español
Moneda: Peso uruguayo $
Tasa desempleo: 6.0%
PIB per cápita 2011: U$S 13,861
PIB en millones U$S: 46,710
Exportación Bienes y Servicios (millones U$S): 12,746
Importación Bienes y Servicios (millones U$S): 12,379
Deuda Bruta (% PIB): 55,6%
Inversión Extranjera Directa (millones U$S): 2,191
Zona Horaria: GMT -03.00

DATOS CULTURALES

Flor Nacional: ceibo (www.rau.edu.uy/uruguay/generalidades/Uy.ceibo.htm)

Fecha Nacional: 25 de agosto (Día de la Independencia, 25 de agosto de 1825)
Héroe Nacional: José Gervasio Artigas
Flora y Fauna: La fauna nativa
(www.rau.edu.uy/uruguay/Uy.fauna.htm) del país comprende desde aves tales como el hornero (Furnarius rufus rufus) hasta el roedor más grande conocido como carpincho (Hidrochoerus hidrochaeris). Otras especies de animales son comunes a la región
En cuanto a la flora, el Uruguay cuenta con aproximadamente 2500 especies de plantas.
Baile Nacional: Pericón
Principales Partidos Politicos: Partido Colorado, Partido Nacional, Frente Amplio, Nuevo Espacio.


 
Breve Historia de Uruguay
 
 
Siglos XVI-XVIII


La Banda Oriental antes de su descubrimiento por los españoles en 1516, estaba poblada por indígenas: charrúas, minuanes, bohanes, guenoas, yaros, chanaes y guaraníes; pueblos que también se extendían por los territorios vecinos de Argentina y Brasil. La macro etnia charrúa, mayoritaria, tenía el nivel cultural de los cazadores superiores, pero todos ellos eran fundamentalmente cazadores, canoeros y pescadores. Algunos escasos restos arqueológicos testimonian la práctica de cerámica decorada así como el tallado de la piedra.

La llegada de los europeos y del ganado vacuno y caballar que éstos abandonaron en las praderas de la Banda Oriental a comienzos del siglo XVII, modificaron el hábitat, la demografía y las costumbres de esos indígenas. Convertidos en diestros jinetes cazadores de vacas, terminaron diezmados por la viruela y la persecución del hombre blanco por cuanto su cultura los tornó hostiles a las formas de trabajo que trajo consigo el conquistador español.

La tradición histórica afirma ser el año 1831 aquel en que desaparecieron los charrúas como entidad demográfica de cierto peso.

La Banda Oriental, designación que se dio en aquella época al territorio uruguayo, fue una región de colonización tardía, contemporánea sobre todo de la España de los Borbones en el siglo XVIII. Se pobló por tres motivos fundamentales: su condición de territorio fronterizo en permanente disputa entre las coronas de España y Portugal; las ventajas de Montevideo como único puerto natural del Río de la Plata, y la calidad de su pradera natural combinada con la multiplicación del ganado abandonado por los españoles en sus llanuras.

Las primeras ciudades y villas tuvieron su origen en la lucha hispano-portuguesa. El primer establecimiento europeo importante, Colonia del Sacramento, fue fundada por los portugueses en 1680 y Montevideo fue fundado entre 1724 y 1750 por los españoles. El carácter de frontera móvil del territorio, presionada por la disputa entre España y Portugal, influyó también en su economía y en la sociedad, ambientando en sus pobladores la actividad ecuestre y el oficio de las armas.

La pradera natural y el ganado vacuno y caballar, en un inicio sin dueño, formaron la estancia - predio dedicado a la ganadería y cría de vacunos – siendo el estanciero la figura dominante del medio rural.

Entre 1700 y 1800 aparecieron los saladeros que convertían parte de la carne vacuna en tasajo: carne salada, dura y magra, por lo que la consumían al comienzo los esclavos de Cuba y Brasil y pobladores de escasos recursos. Los saladeros eran una mezcla de estancia e industria asentada en Montevideo y alrededores. Aunque en 1832 incorporaron la máquina de vapor para producir grasas, la elaboración del tasajo sólo requería la habilidad manual del gaucho enlazador del ganado casi salvaje y la diestra artesanía de los peones, cortadores de carne en finas lonjas que salaban y apilaban durante dos o tres días. Luego se practicaba el secado de la carne salada tendiéndola al sol. Esta industria era en suma una manufactura.

Por el puerto de Montevideo se comerciaba legalmente con España y Buenos Aires (desde 1779), e ilegalmente con el Brasil portugués y las naves europeas que arribaban a sus playas. Esa actividad generó una renta suficiente para mantener tanto a la burocracia española que gobernaba la Banda Oriental, como a los ricos comerciantes que integraban el cuerpo municipal llamado Cabildo, única e imperfecta escuela de gobierno propio a la que "criollos" tenían acceso. La Banda Oriental formaba parte del Virreinato de Buenos Aires desde su creación en 1776 y una importante zona adyacente lo integraba como Gobernación.
La población - 30.000 habitantes hacia 1800, una tercera parte en Montevideo - estaba dividida tal vez con más claridad en regiones y en razas que en clases.

Montevideo era sede del poder español y de la sociedad jerarquizada en razas y clases. Comerciantes, prestamistas, estancieros y altos funcionarios, formaban la clase alta de orígen humilde heredado de sus antepasados canarios, vascos y catalanes. Pequeños tenderos, pulperos, militares y funcionarios de baja graduación, y artesanos, integraban la clase media. Debajo de todos, el tercio de la población era negra y esclava.

El Interior, el medio rural, era el mundo donde todas las distinciones sociales, que existían tendían a desdibujarse o a amalgamarse con otros rasgos de la economía y de la cultura hasta hacerse muy singulares. Los estancieros latifundistas habían expulsado a anteriores ganaderos más pobres y menos influyentes ante las autoridades españolas. La mayoría de los grandes estancieros no poseían su tierra con títulos de propiedad perfectos. Muchos sólo habían iniciado el trámite para adquirirla en Buenos Aires y lo habían abandonado, cansados por las demoras de la burocracia borbónica, así como disgustados por su costo que siempre superaba al precio de la tierra. Otros habían pagado tierras a la corona española dentro de determinados límites. Esas estancias, una vez medidas, resultaban tener una superficie mayor que la abonada. Todos estos hechos tornaron a los estancieros dependientes de las resoluciones del Estado español primero y republicano después.

En ese Interior abundaba la población errante, a veces mestiza. La vida era fácil y el alimento casi único y esencial, la carne, era gratuita. Este hecho se explica porque la producción era infinitamente superior a una demanda reducida al escaso mercado interno y a los limitados mercados externos cubano y brasileño. La Banda Oriental, con tal vez 6 millones de vacunos y medio millón de yeguarizos, poseía el mayor número de cabezas vacunas y equinas por habitante del mundo. El "proletariado" rural - el gaucho (LINK CON TEMA DEL GAUCHO)- era ecuestre, y tenía el alimento siempre asegurado.

Existían tensiones, sin embargo. La autoridad española impedía a los estancieros la libre venta de sus cueros a los comerciantes ingleses y portugueses, y demasiado a menudo los amenazaba con cobrarles las tierras que detentaban. Así lo hizo, en agosto de 1810, meses antes del estallido de la Revolución por la Independencia en febrero de 1811.

Todos estos resentimientos internos y externos (contra España y Buenos Aires), estallaron en 1811, cuando se aflojaron los lazos del control colonial ante la invasión francesa a la metrópolis.


Texto basado y extraído del historiador uruguayo José Pedro Barrán.



Breve Historia de Uruguay

Siglo XIX


Fue en 1811 que el interior se sublevó contra la autoridad española residente en Montevideo. Dirigía la Revolución un capitán criollo del ejército: José Artigas (LINK SOBRE ARTIGAS), quien derrotó a los españoles en la Batalla de las Piedras.

La Revolución en un principio acató la autoridad de la Junta de Mayo de Buenos Aires, pero las diferencias políticas, económicas y sociales pronto separaron a los orientales de los porteños. En 1813 el Congreso de Abril proclamó los principios políticos de la Revolución: independencia de España; organización de un vasto estado, confederado primero y federado después, con todas las regiones del ex-virreinato de Buenos Aires; democracia y república. La capital debía estar fuera de Buenos Aires.

En Septiembre de 1815, Artigas dictó un Reglamento que repartió las inmensas posesiones de los enemigos de la Revolución, "malos europeos y peores americanos", entre los más infelices", siendo preferidos los indios, negros libres y "criollos pobres". A cada uno se le entregaría una estancia mediana con la obligación de construir un rancho, dos corrales y sujetar el ganado de rodeo. La aplicación del reglamento fue en parte detenida por la invasión europea de 1816, pero las confiscaciones de grandes estancias que precedieron a los repartos abonaron el odio hacia Artigas y sus seguidores, que comenzó a sentir la vieja clase alta del período colonial.

De 1811 a 1814 los orientales lucharon contra España procurando con el auxilio bonaerense ocupar Montevideo. Pero en enero de 1814, Artigas decidió que el objetivo de la Revolución no podía ser sustituir un "despotismo español" por el bonaerense, y dejó solas a las tropas de Buenos Aires frente a Montevideo. Esta cayó en poder de los porteños en junio. Artigas hizo entonces la guerra a Buenos Aires, auxiliado por las provincias ribereñas del Uruguay y del Paraná, Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, seducidas por las ideas federales. En 1815, con la victoria de Guayabos, Artigas logró que los porteños devolvieran Montevideo a los orientales, y gobernó todo el país.

De 1816 a 1820 debió enfrentar la invasión de la monarquía portuguesa asentada en Río de Janeiro. Los lusitanos, deseosos de ocupar el territorio oriental que desde temprano disputaron a España, también invadieron por el temor a que el sur del Brasil se contagiara de los principios republicanos y federales. El invasor portugués contó con el beneplácito de Buenos Aires y terminó derrotando a Artigas en 1820.

El país, arruinado su comercio y su ganadería por nueve años de permanente guerra revolucionaria, quedó en manos portuguesas primero (1820-1822) y brasileñas después (1822-1825). Una porción importante de la clase alta colaboró con el invasor. Este, representado por un hábil general portugués, Carlos Federico Lecor, prometió el orden y la devolución de sus propiedades a los confiscados por Artigas. En 1821, un congreso de orientales colaboradores votó la incorporación de la ahora llamada Provincia Cisplatina al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves.

Las autoridades brasileñas, empero, concluyeron por desilusionar a la clase alta e irritar a los demás sectores sociales. Renació con facilidad el sentimiento antilusitano, fuerte en una población de origen español que venía combatiendo los avances portugueses desde el siglo XVII.

En abril de 1825 se inició la segunda etapa de la Revolución cuando los 33 Orientales invadieron el país y en pocos meses sublevaron todo el medio rural contra los brasileños que siguieron ocupando Montevideo. Luego de las victorias de Rincón y Sarandí, el gobierno de Buenos Aires apoyó oficialmente a los orientales y entró en guerra con Brasil a fines de 1825. La nueva Revolución oriental fue encabezada por Juan A. Lavalleja, un caudillo rural, y rápidamente se plegó a ella su par, Fructuoso Rivera.

Sus objetivos eran los de Artigas. Si éste quiso la federación y el igualitarismo social, además de la independencia del dominio extranjero, Lavalleja y Rivera lucharon por la liberación de Brasil y discreparon en la relación de los orientales con Buenos Aires.

El 25 de agosto de 1825 la Sala de Representantes de la Provincia Oriental declaró en primer lugar la independencia absoluta del país, y luego su unión a las demás provincias. La guerra con Brasil culminó con la victoria de los orientales de Ituzaingó en febrero de 1827. Desde meses antes mediaba Gran Bretaña en el conflicto a través de su enviado, Lord Pomsomby. La guerra perturbaba gravemente el comercio inglés con Argentina debido al bloqueo brasileño del puerto de Buenos Aires. Además, a Gran Bretaña le interesaba fomentar la independencia de un pequeño estado sobre el Río de la Plata que impidiera que las dos orillas fueran argentinas. De tal modo ese río, puerta de entrada al principal sistema hidrográfico navegable de América del Sur, se internacionalizaría y el comercio inglés no podría ser obstaculizado.

En 1830 una Asamblea electa aprobó la Constitución del nuevo país, llamado oficialmente, "Estado Oriental del Uruguay". El nuevo estado sería republicano y garantizaría los derechos individuales mediante la separación clásica de los tres poderes.

Lamentablemente, las guerras civiles dominaron el escenario uruguayo hasta 1876. En ellas se gestaron los dos partidos que pasaron a la modernidad y sobrevivieron el siglo XX: el blanco y el colorado.

El primer presidente constitucional, Fructuoso Rivera (1830-1834) debió enfrentar tres alzamientos del otro caudillo rural, Juan A. Lavalleja. Su sucesor, Manuel Oribe (1835-1838), tuvo que combatir dos alzamientos del ex-presidente Rivera.

En 1836, en la batalla de Carpintería, los bandos usaron por primera vez las dos divisas tradicionales: el blanco distinguió las tropas del gobierno que se titularon "Defensores de las Leyes", y el celeste primero - el otro color de la bandera uruguaya - y el colorado después, fueron usados por los fieles de Rivera. Un segundo alzamiento de este derrocó al gobierno de Manuel Oribe en 1838. Rivera, auxiliado por la escuadra francesa que deseaba acabar con Oribe, el aliado del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, ocupó Montevideo y logró ser elegido presidente por segunda vez en 1839. Ese año se inició la "Guerra Grande" cuando Rivera declaró la guerra a Rosas quien seguía reconociendo a Manuel Oribe como presidente constitucional del Uruguay.

Los dos bandos uruguayos se internacionalizaron. Rivera contó con el apoyo de los enemigos unitarios argentinos y las escuadras francesas e inglesa. Las dos naciones europeas temían que Rosas anexara al Uruguay y deseaban además terminar con el monopolio que sobre la navegación del Paraná ejercía el gobernador de Buenos Aires. Oribe se apoyó en Rosas y puso sitio a Montevideo durante 9 años. (1843-1851).

El conflicto se resolvió cuando se retiraron los europeos e intervino el Imperio del Brasil a favor del Montevideo colorado. Oribe y Rosas fueron derrotados. A pesar de ello se firmó la paz entre los orientales el 8 de octubre de 1851 por la cual se declaró que no había ni vencidos ni vencedores.

La atmósfera que siguió a este conflicto fue de fusión entre los partidos. La ruina de la ganadería, el comercio y las fortunas privadas por la larga lucha, ambientó esa política. Pero los dos bandos habían encarnado en la memoria colectiva y la lucha civil se reanudo. El presidente Blanco Juan F. Giró (1852-1853) fue derribado por un motín del ejército colorado. El nuevo caudillo de este partido, el General Venancio Flores, gobernó como presidente hasta 1855. En 1856 la fusión y el pretendido olvido de los rencores del pasado llevaron al poder a Gabriel A. Pereira (1856-1860). Bajo su mandato, una fracción del Partido Colorado, llamada Partido Conservador, se alzó en armas y sus jefes fueron derrotados y fusilados en Quinteros por las tropas del gobierno.

Entre 1860 y 1864 gobernó el presidente Bernardo P. Berro, quien pretendió continuar con la política de fusión pero los partidos renacieron. En 1863, el General Flores invadió Uruguay con el apoyo del presidente argentino Bartolomé Mitre y la colaboración del Imperio del Brasil. Bernardo P. Berro buscó apoyo en Paraguay para restablecer el equilibrio en el Río de la Plata. Luego de la caída en manos de Flores de la ciudad de Paysandú (enero de 1865), uno de sus generales mandó fusilar a los más destacados jefes blancos, entre ellos a Leandro Gómez. De este modo ambos partidos tradicionales tuvieron sus mártires y una carga de emotividad que les aseguró larga permanencia.

El triunfo de Flores culminó con su dictadura (1865-1868) y la intervención del Uruguay en la guerra de la Triple Alianza junto a Brasil y Argentina contra el Paraguay. En febrero de 1868, Venancio Flores, que había despertado rencores apasionados, fue asesinado. El mismo día fue ultimado el ex-presidente blanco Bernardo P. Berro. Las tradiciones partidarias se nutrieron de nuevos mártires.

Venancio Flores inició la serie de gobiernos colorados que recién concluyó en 1959. Lorenzo Batlle, su sucesor y presidente constitucional entre 1868 y 1872, debió enfrentar un alzamiento blanco comandado por el caudillo rural Timoteo Aparicio. Esta revolución fue conocida como de "Las Lanzas" debido al arma que allí se uso de preferencia, lo que testimonia la tecnología militar de la época. Por su duración (1870-1872) y sus efectos destructivos sobre la riqueza ganadera, es el conflicto civil que mejor puede compararse a la "Guerra Grande". Ambos bandos se reconciliaron en la llamada Paz de Abril de 1872 por la cual los blancos lograron por primera vez coparticipar junto a los colorados en el gobierno. Pero la anarquía persistió hasta 1876 en que el coronel colorado Lorenzo Latorre tomó el gobierno.

Fue por efecto de la lucha y los propios acontecimientos relatados, que colorados y blancos fueron dotándose de ciertos contenidos políticos, sociales y hasta regionales. Las personalidades diferentes y los vínculos sociales distintos de Rivera y Oribe, y el principal de los conflictos citados - la "Guerra Grande" - dieron nueva forma a la oposición colonial entre la Capital y el Interior. Los colorados se identificaron con el Montevideo sitiado, los inmigrantes y la apertura a lo europeo; los blancos, asentados en la campaña sitiadora, se identificaron con el medio rural, sus grandes terratenientes y lo americano-criollo. Pero estas diferencias no alcanzan para explicar la profundidad del desorden interno que conoció en esos años el Uruguay. Las estructuras sociales, económicas y culturales, así como la tecnología de una civilización pre-industrial, deben ser convocadas para la interpretación del hecho político y completar la imagen del país. Iglesia Católica, ejército y gran propiedad, los tres pilares del orden conservador en América Latina, eran débiles en el Uruguay.

Los medios de comunicación y transporte eran los de una civilización ganadera. Las carretas que transportaban cueros y lanas tardaban un mes. El ganado fluía a los saladeros por sus propios medios y daba vida a la actividad de un personal especializado en su conducción, el tropero. La agricultura, en cambio, dependía de la pesada y costosa carreta por la que se desarrolló únicamente en torno a las ciudades consumidoras.

Mantener el control de la campaña desde la excéntrica Montevideo era muy difícil con este sistema de comunicaciones y transportes. Cuando la noticia de la revolución rural llegaba a la Capital, la subversión ya había tomado cuerpo. Los diversos ejércitos gubernamentales incluso tenían dificultades para conocer sus posiciones y combinar esfuerzos contra los rebeldes, como sucedió con los colorados durante la "Revolución de las Lanzas".

Los gobiernos de los militares colorados Lorenzo Latorre (1876- 1880), Máximo Santos (1882-1886) y Máximo Tajes (1886-1890), fueron los que asentaron el poder central, dominaron a los caudillos rurales y tornaron los alzamientos sino imposibles en difíciles.

El Estado y el ejército gozaron desde ese momento del monopolio de la coacción física, el armamento era costoso y de difícil manejo para los gauchos, los medios de comunicación (telégrafo) y transportes (ferrocarril) fortalecieron el poder montevideano; la sociedad y la economía estaban cambiando y se oponían a las costosas rebeliones del pasado.

También contribuyó el afianzamiento de la paz interna el fortalecimiento del sentimiento nacional que no admitió la internacionalización de los partidos uruguayos y sus alianzas con los federales y unitarios argentinos o los bandos brasileños. La unificación de la Argentina y el Brasil, en torno a Buenos Aires y Río de Janeiro, hizo que poco a poco desaparecieran los llamados desde esas naciones a participar en las luchas internas.

A los militares sucedieron los gobiernos civiles, presidencialistas y autoritarios, de Julio Herrera y Obes (1890-1894) y Juan Idiarte Borda (1894-1897). Al exclusivismo colorado respondieron las revoluciones blancas capitaneadas por el caudillo rural Aparicio Saravia. Su levantamiento en 1897 fue la base de un gobierno colorado de compromiso con los blancos, el de Juan L. Cuestas (1897-1903).

Electo José Batlle y Ordoñez en 1903, Aparicio Saravia dirigió en 1904 la última gran revuelta rural. Pero estas dos revoluciones difieren de las anteriores: el programa de reivindicaciones políticas tendió a crecer sobre la mera adhesión a la tradición partidaria, y así, en 1897 y 1904, los blancos alzaron las modernas banderas del respeto a la voluntad popular en las elecciones y la representación proporcional de los partidos en el Poder Legislativo.

La paz interna y el fuerte gobierno central montevideano estuvieron vinculados a paralelas transformaciones que ocurrieron en la demografía, la economía, la sociedad y la cultura del Uruguay.

El Uruguay de 1830 apenas contaba con 70.000 habitantes. El de 1875 poseía 450.000 y el de 1900 un millón. El espectacular crecimiento - la población se multiplicó por 14 en 70 años - no tenía parangón en ningún país americano. La alta tasa de natalidad dominante hasta 1890 - 40/50 por mil habitantes - se había unido a una relativamente baja tasa de mortalidad - 20/30 por mil - para ambientar este hecho, pero el factor crucial de la revolución demográfica fue la inmigración europea. Franceses, italianos y españoles hasta 1850, italianos y españoles luego, llegaron en 4 o 5 oleadas durante el siglo XIX. La inmigración fue temprana y cuantiosa en relación a la muy pequeña población existente en 1830. De 1840 a 1890, Montevideo poseyó de un 60 a un 50 % de población extranjera, casi toda europea. El Censo de 1860 mostró un 35% de extranjeros en todo el país, y el de 1908 redujo esa cifra al 17%.

Los europeos, con valores diferentes a los de la población criolla, más proclives al espíritu de empresa y al ahorro; protegidos por sus cónsules durante las guerras civiles y recompensados por sus pérdidas por el estado uruguayo, se convirtieron hacia 1870-1880 en los principales propietarios rurales y urbanos, al poseer el 56% del total de la propiedad montevideana y el 58% del valor de la propiedad rural.

Los inmigrantes europeos fueron los iniciadores de la industria de bienes de consumo al grado que en 1889 controlaban el 80% de esos establecimientos. Los inmigrantes, hostiles por lo general a las disputas entre blancos y colorados, exigieron la paz interna. La estructura económica se modificó. El ovino se incorporó a la explotación del vacuno en la estancia de 1850-1870. De acuerdo al censo de 1852, la existencia ovina se reducía a 800.000 cabezas, en 1868 la existencia se estimó en 17 millones. La lana suple al cuero como principal producto de la exportación uruguaya desde 1884, hasta que apareció con vigor la carne congelada en 1910-1920. El ovino que podía ser explotado en campos de pasturas de calidad inferior y exigía 5 veces menos tierra por unidad que el vacuno, sirvió de base al desarrollo de la clase media rural.

El Uruguay de fines del siglo XIX tuvo así características económicas que lo singularizaron en el contexto latinoamericano. Producía alimentos - la carne - y satisfacía otras dos necesidades básicas del hombre, su calzado, con el cuero, y su vestimenta con la lana. Sus mercados externos se habían diversificados en vez de tender a la dependencia de un solo comprador. Brasil y Cuba consumían su tasajo; Francia, Alemania y Bélgica, sus lanas; y Gran Bretaña y Estados Unidos, sus cueros. Al comprarle Europa mercaderías que ella también producía, Uruguay gozó de una renta diferencial elevada, por cuanto Europa mantenía sus ganados con más altos costos de explotación.

Al ovino siguió el acercamiento de las estancias. Estas fueron alambradas entre 1870 y 1890 tanto para asegurar al propietario el uso exclusivo para sus ganados de las pasturas, como para permitir el mestizaje del ovino y el vacuno con razas europeas. El cerco dejó desocupada a la mano de obra que antes custodiaba el ganado y generó un problema insólito de hambre y miseria rural. Esta desocupación tecnológica se convirtió paradojalmente en un buen caldo de cultivo para las últimas guerras civiles de fines del siglo XIX y principios del XX.

Ovino y cercamiento, dos enormes inversiones aumentaron la necesidad de orden interno que tenían los estancieros. Los terratenientes protagonistas de estos cambios se agremiaron y fundaron la Asociación Rural en 1871 con el fin de imponer la paz interna a toda costa.
Paralelamente ocurrieron transformaciones en el medio urbano. A partir de 1860 comenzaron las primeras inversiones extranjeras, sobre todo británicas. La primera línea de ferrocarriles fue inaugurada en 1869, y fue esencial para que el gobierno central pudiera controlar el interior.

Luego de un tiempo, este medio de transporte, así como las otras compañías inglesas instaladas en Montevideo, generaron una corriente de antipatía popular por sus elevadas tarifas y deficientes servicios. El monopolio que usufructuaba el ferrocarril, la empresa de aguas corrientes, la del gas y el oligopolio de las compañías de seguros, contribuyeron a fomentar dudas en la clase política en 1890 acerca de los beneficios que acarreaba al Uruguay el capital extranjero no vigilado por el Estado. Por eso la ley de 1888 instituyó un control estricto de la contabilidad de las empresas ferroviarias y en 1896 se fundó el primer banco del Estado: "Banco de la República Oriental del Uruguay".

Los estancieros gozaban en 1900 de la posesión de dos monopolios: la tierra y la carne, valorizadas ambas con los avances de la industria saladeril y sobre todo con la fundación en 1905 del primer frigorífico exportador de carnes congeladas a Europa.

Por otro lado, también ocurrieron cambios en el orden cultural y mental. La Universidad abrió sus puertas a los estudios de abogacía en 1849, a los de Medicina en 1876 y a los de Matemáticas en 1888. En 1877, el gobierno del coronel Latorre, inspirado por José Pedro Varela, decretó una importante reforma en la enseñanza primaria, volviéndola obligatoria y gratuita y otorgándole recursos para su desarrollo. En 1909 fue suprimida por completo la enseñanza religiosa de las escuelas, convirtiendo así en gratuita, obligatoria y laica, pilares que se mantienen hasta el día de hoy.

La tasa de analfabetismo que era elevada, comenzó a descender. El deseo de incrementar la actividad política de los habitantes y a la vez prepararlos mejor para el nuevo orden económico estuvo detrás de esta transformación.

El Uruguay también secularizó sus costumbres y su cultura. En 1861 la Iglesia Católica comenzó a perder su jurisdicción sobre los cementerios; en 1879 el estado decidió llevar los Registros del Estado Civil aunque admitió que el casamiento religioso precediera al civil. En 1885 se instituyó el matrimonio civil obligatorio y este debió celebrarse antes que la ceremonia religiosa. En 1907 se aprobó la primera ley de divorcio.

Otro signo de la modernidad fue la aparición de un nuevo modelo demográfico. La natalidad comenzó a decrecer en 1890, la edad promedio del matrimonio femenino ascendió de 20 a 25 años, y comenzaron a aparecer las primeras formas de control artificial de la natalidad, denunciadas con vigor por el clero católico. De este modo llegó al siglo XX el país mas tempranamente europeizado de América Latina.

Texto basado y extraído del historiador uruguayo José Pedro Barrán.




Breve Historia de Uruguay
SIGLO XX-XXI


En la historia del Uruguay del siglo XX se distinguen cuatro etapas:

· la consolidación de la democracia política, la reforma social y la prosperidad económica (1903-1930);
· la crisis económica y política y la restauración democrática (1930- 1958);
· el estancamiento económico, la atomización de los partidos políticos tradicionales, el crecimiento de la izquierda, y la dictadura militar (1959-1985);
· la restauración democrática y la entrada del Uruguay al Mercosur.

La primera etapa es fundacional y parece clave para explicar algunas de las características y la mentalidad dominantes en el país hasta muy avanzado el siglo.

La figura de José Batlle y Ordoñez (1856-1929) domina políticamente ese período. Presidente en dos oportunidades (1903-1907), (1911-1915), signo con sus ideas la sociedad de clase media que estaba naciendo al amparo de la prosperidad económica y la facilidad del ascenso social.

La economía vio aparecer nuevas formas industriales que valorizaron plenamente la producción de carne al refrigeradas y su exportación a Europa, lo que tuvo consecuencias políticas pues alejó definitivamente el fantasma de la guerra civil ya que la ciudadanía se oponía a ellas por destructoras de la sociedad.

La intervención estatal comenzó. La gestión financiera del Estado (Banco de la República, 1896 y Banco Hipotecario, 1912), comercial (Banco de Seguros, 1911), e industrial (energía eléctrica y teléfonos, 1912, combustibles y petróleo, 1931), se constituyó en un elemento definitorio de la relación entre sociedad civil y Estado en todo el siglo XX.

La democracia política se afianzó con el logro del voto secreto y la representación proporcional establecidos en la Constitución de 1917, la pureza electoral garantizada por las leyes de 1924, y una atmósfera de tolerancia fundada en parte en la imposibilidad tanto de las personalidades políticas como de los partidos en que se dividía la opinión, de hegemonizar a la opinión pública.

En lo social, el Uruguay vivió una época de legislación del trabajo, protectora de los obreros y otros sectores populares (la ley de 8 horas de trabajo fue aprobada en 1915) y de garantías para el retiro de los trabajadores establecidas por diferentes leyes que fundaron Cajas de Jubilaciones para casi todos los oficios.

Demográficamente el país, que contaba con 1.042.000 habitantes según el Censo realizado en 1908, apenas duplicó su población en 1930, estimada en 1.900.000. El descenso de la tasa de mortalidad fue muy significativo y se debió sobre todo al avance del nivel de vida de la población y a las medidas higiénicas que el gobierno adoptó. El descenso relevante de la tasa de natalidad convirtió a Uruguay, el primer país de América Latina que controló la natalidad.

La difusión de la cultura (la tasa de analfabetismo también descendió y se expandió la Enseñanza Secundaria en el interior del país), la fácil recepción de los modelos demográficos europeos por una población de origen inmigratorio y la mentalidad prudente de las dominantes clases medias, entre otros, explica que en 1930 Uruguay tuviera la imagen de un país moderno y europeizado. Un dato más contribuía a acentuar esta imagen: la cultura y la enseñanza se habían secularizado y la influencia de la Iglesia Católica era escasa. Muestra de esto es que, sin mayores repercusiones sociales ni políticas, el Estado y la Iglesia se separaron, lo que quedó plasmado en la Constitución de 1917.

La ley de divorcio por causal, la primera aprobada, fue en 1907 y la mujer obtuvo en 1913 la ley de divorcio "por su sola voluntad". En 1932 se le otorgó a la mujer el derecho al sufragio.

La crisis económica mundial iniciada en 1929 en Estados Unidos, repercutió en Uruguay a partir de 1930-31. El descenso del precio de las materias primas y alimentos que Uruguay exportaba, y las restricciones del comercio internacional, generaron aumento de la desocupación y caída del ingreso.

El Presidente de la República electo en 1931, Gabriel Terra, oyó estas demandas de las clases altas y con el apoyo de algunas fracciones de los dos partidos tradicionales dio un golpe de Estado el 31 de marzo de 1933, disolviendo el Poder Legislativo y la parte colegiada del Poder Ejecutivo, el Consejo Nacional de Administración. Este golpe y el gobierno resultante de Terra hasta 1938, aunque represor del movimiento obrero y los partidos de izquierda y "progresistas", y desconocedor en muchos planos, de los derechos individuales, demostró también la originalidad de la historia uruguaya. El golpe había sido protagonizado por un presidente civil y dado con la aprobación del ejército pero sin su intervención directa, había contado con el apoyo de parte de los partidos políticos tradicionales y además, procurando la legitimación inmediata a través de las urnas, al haber convocado a elecciones en 1933.

La lenta recuperación de la economía mundial, la influencia de las tradiciones democráticas, y el alineamiento de Uruguay con los Aliados enemigos del nazi-fascismo en la II Guerra Mundial (1939-45), determinaron la recuperación plena de la vida institucional democrática, la que se plasmó en las elecciones de noviembre de 1942 en las que fue electo presidente Juan José de Amézaga (1943-1947). Bajo el gobierno de Luis Batlle Berres (1947-1951), la prosperidad económica se consolidó por los crecientes beneficios que deparó a las exportaciones uruguayas la guerra de Corea (1950-1953). En 1952 se adoptó una nueva Constitución que implantó una estructura colegiada de nueve miembros en el Poder Ejecutivo, seis de ellos para la mayoría y tres para el partido minoritario.

La prosperidad económica y el impulso del gobierno de este segundo batllismo consolidaron un vigoroso crecimiento de la industria con la sustitución de importaciones. El número de obreros aumento con espectacularidad. Otra vez, el país de los años 50 parecía recordar al país de los años 20. El desarrollo cultural era muy importante y el analfabetismo tendía a desaparecer. Se repetía que Uruguay era la Suiza de América, tanto por la continuidad de su democracia, como por la fuerza de su clase media y hasta por el Ejecutivo Colegiado que lo regía.

La tercera etapa de la historia del Uruguay en el siglo XX (1959- 1985), estuvo caracterizada por la crisis y el estancamiento económico y, en sus años finales (1973-1985), por la caída de las instituciones democráticas, la instalación de una dictadura militar y la reinstalación de la democracia.

Las modificaciones de la economía mundial, en especial la formación del Mercado Común Europeo y la sustitución de la hegemonía británica por la estadounidense en América Latina, complicó la producción exportable uruguaya. El país dependía en gran medida financieramente de unas pocas naciones con economías competitivas y no complementarias de la suya, mientras el tradicional mercado europeo se cerraba a sus exportaciones. El estancamiento de la producción ganadera y del proceso de industrialización, completaron el panorama negativo que se tradujo en la disminución del ingreso.

Los diversos sectores sociales, los sindicatos obreros y de empleados públicos, y las gremiales empresariales, lucharon entre sí por la distribución de una riqueza cada día menor en medio de una inflación que no se detenía. Los partidos tradicionales se alternaron en el poder (gobiernos blancos de 1959 a 1967 y colorados de 1967 a 1973) y se fraccionaron. La izquierda se unificó y surgió el Frente Amplio en 1971. El gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972) funcionó dentro de esquemas autoritarios, decretó la suspensión de las garantías individuales casi durante todo su mandato y, del otro lado, ciertos sectores de la izquierda con el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros) a la cabeza, también hirieron al sistema democrático impulsando la lucha armada.

El proceso de deterioro de las instituciones fue vivido dramáticamente por una sociedad que con lentitud dejó de tener fe en ellas, y culminó con el golpe de estado que las Fuerzas Armadas protagonizaron el 27 de junio de 1973, disolviendo las cámaras legislativas y asumiendo, bajo la cobertura del presidente civil Juan María Bordaberry (1972-1976), la totalidad del poder político hasta febrero de 1985.

Los 12 años de dictadura militar estuvieron signados por la represión a las fuerzas políticas, particularmente dura con las de izquierda, con encarcelamiento de dirigentes sindicales y la prohibición de la actividad gremial a obreros y empleados, y por la expulsión de funcionarios públicos, especialmente docentes, sospechosos de tener alguna inclinación izquierdista.

Desde el punto de vista económico, el gobierno militar, asesorado por técnicos de ideas neoliberales, procedió a la apertura de la economía al exterior, procurando atraer capital extranjero y limitar la intervención del Estado. El deterioro del salario real tuvo consecuencias imprevistas en un gobierno conservador ya que forzó la entrada masiva de la mujer al mercado del trabajo fuera del hogar, estrategia familiar de sobre vivencia que adoptaron los sectores populares y la clase media.

La crisis financiera y económica de 1982, aceleró la inflación y sobre todo la desocupación, y la resistencia social condujo a la reorganización del movimiento sindical, lo que llevó a los militares a ceder el poder ante la presión de la sociedad civil. En elecciones celebradas en noviembre de 1984 fue electo Presidente constitucional el líder colorado Julio Maria Sanguinetti. Bajo su presidencia (1985-1990) y la de su sucesor, Luis A. Lacalle (1990-1995) se fortificaron las instituciones democráticas, el clima de tolerancia recíproca renació y políticamente el país. Electoralemente se dividió en tercios: colorados, blancos y frenteamplistas.

En 1991, Uruguay pasó a integrar el Mercosur, alianza económico aduanera, conjuntamente con Brasil, Argentina y Paraguay.

En 1995, la población del país alcanza los 3,3 millones de habitantes, acentuándose el rasgo ya advertible en los comienzos del siglo XX, el escaso crecimiento natural de su población, debido sobre todo al alto grado de control de la natalidad que practican sus habitantes. La tasa de analfabetismo representa apenas el 4,25 de la población del país. La calidad de vida de la mayoría de los habitantes es una de las mas altas de América Latina, siendo la esperanza de vida al nacer de 74 años. La mayoría de sus habitantes es considerada católica por las estimaciones de esta Iglesia, pero el número de sacerdotes no sobrepasa los 700. La tasa de divorcios es alta, similar a la de las naciones europeas.

El 31 de octubre de 2004, fue electo Presidente el Dr. Tabaré Vazquez Rosas, asumiendo la Presidencia el 1° de marzo de 2005, por un período de cinco años.

“El actual Presidente de la República Don José Mujica asumió la Presidencia el 1º de marzo de 2010 por el termino de cinco años, de esta forma se constituye el segundo periodo del gobierno Progresista.”

Texto basado y extraído del historiador uruguayo José Pedro Barrán.



   
PRESIDENTES CONSTITUCIONALES
Listado de Gobernantes Constitucionalmente Electos del Uruguay desde 1830  
AÑO Presidente
1830 Gral. Fructuoso Rivera
1835 Gral. Manuel Oribe
1839 Gral. Fructuoso Rivera
1852 Juan Francisco Giró
1856 Gabriel Pereira
1860 Bernardo Berro
1868 Gral. Lorenzo Batlle
1873 Dr. José Ellauri
1879 Cnel. Lorenzo Latorre
1882 Gral. Máximo Santos
1886 Dr. Francisco Vidal
1890 Dr. Julio Herrera y Obes
1894 Juan Idiarte Borda
1899 Juan Lindolfo Cuestas
1903 José Batlle y Ordoñez
1907 Claudio Williman
1911 José Batlle y Ordoñez
1915 Dr. Feliciano Viera
   
1919 Dr. Baltasar Brum
1923 Ing. José Serrato
1927 Dr. Juan Campisteguy
1931 Dr. Gabriel Terra
1938 Gral. Arq. Alfredo Baldomir
1943 Dr. Juan José Amézaga
1947 Tomás Berreta
1951 Consejo Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa: Andrés Martínez Trueba, Antonio Rubio, Francisco Forteza y H. Alvarez Cina
1955 Consejo Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa: Luis Batlle Berres, Alberto Zubiría, Arturo Lezama y Carlos Fischer
1959 Consejo Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa: Martín Echegoyen, Benito Nardone, Eduardo Haedo y austino Harrison
1963 Consejo Nacional de Gobierno, Presidencia rotativa: Daniel Fernández Crespo, Luis Giannattasio, Washington Beltrán y Alberto Heber
1967 Gral Av. Oscar Gestido
1967 Jorge Pacheco Areco
1972 Juan María Bordaberry
1985 Dr. Julio María Sanguinetti
1990 Dr. Luis Alberto Lacalle
1995 Dr. Julio María Sanguinetti
2000 Dr. Jorge Batlle Ibañez
2005 Dr. Tabaré Vázquez Rosas.
2010 José Alberto Mujica Cordano.
  Fuente: Historia Contemporánea del Uruguay, G. Caetano y J. Rila